La mirada del Búho
Cuando aprendíamos sin darnos cuenta.
La mirada del Búho
Cuando aprendíamos sin darnos cuenta.
Ponerte las botas sin pensar demasiado. Salir de la puerta de casa y sentir el aire antes de decir nada. O incluso acariciar al perro como quien no le da importancia a los gestos que lo significan todo. Nadie pensaba en quedarse, pero tampoco en irse para siempre. Y sin darnos cuenta, dejamos de volver.
Llegó un punto en el que mi cabeza estaba llena de ruido y necesitaba silencio. Entonces paré. Me senté en el campo con mi libreta y escribí todo aquello que quería. Me alejé. Me fui un año y medio a vivir a una granja, lejos de la sociedad para así ver porqué la gente nos intenta alejar del campo, y nos aglomeran en la ciudad.
Todo tiene su tiempo: las estaciones, la tierra, los animales, e incluso tú. Aquí pasa algo curioso y es que se respira paz, calma y tranquilidad. Entonces entiendes que quizás descansar no siempre significa dejar el trabajo, porque el propio trabajo te genera esa tranquilidad que los humanos necesitamos.
La sociedad ahora es débil porque hemos creado cobardes que dependen de un líder. Nos han moldeado para que seamos esclavos e inútiles. Un gran porcentaje de la población no podría sobrevivir por si sola, ni tan siquiera sabrían plantar patatas. Es increíble que no sepamos hacer algo tan simple como: crear comida.
Hice un viaje para ver como viven en las cumbres más altas y me di cuenta de que, de alguna forma, estaba haciendo lo mismo que un búho: observar en silencio. Antes casi todo se aprendía mirando. No hacía falta que nadie te enseñara. Simplemente lo veías durante un tiempo, y un día, te salía solo.
Entendí que cuanto más cómodo parece todo, más dependientes nos volvemos. Empiezas cediendo unas horas de tu día a día, dejas de sentirte el protagonista de tu vida, tratas a las mascotas como objetos, moldeas a tus hijos a tu antojo… Y todo por intentar tener el control de algo para evadir que no controlas a tu propio yo.
Solo sé que los días aquí se sienten mucho más lentos. No mejores. Tampoco peores. Solo más lentos. A veces pienso en el agua, en como sigue su camino hasta que un día deja de estar. Se seca. Quizás nosotros también somos eso, algo que parece que siempre está, hasta que un día desaparece.
I. Algo tan simple como vivir
Ponerte las botas sin pensar demasiado. Salir de la puerta de casa y sentir el aire antes de decir nada. O incluso acariciar al perro como quien no le da importancia a los gestos que lo significan todo. Nadie pensaba en quedarse, pero tampoco en irse para siempre. Y sin darnos cuenta, dejamos de volver.
II. El significado del silencio
Llegó un punto en el que mi cabeza estaba llena de ruido y necesitaba silencio. Entonces paré. Me senté en el campo con mi libreta y escribí todo aquello que quería. Me alejé. Me fui un año y medio a vivir a una granja, lejos de la sociedad para así ver porqué la gente nos intenta alejar del campo, y nos aglomeran en la ciudad.
III. Bailar al ritmo de la tierra
Todo tiene su tiempo: las estaciones, la tierra, los animales, e incluso tú. Aquí pasa algo curioso y es que se respira paz, calma y tranquilidad. Entonces entiendes que quizás descansar no siempre significa dejar el trabajo, porque el propio trabajo te genera esa tranquilidad que los humanos necesitamos.
IV. Ni una simple patata
La sociedad ahora es débil porque hemos creado cobardes que dependen de un líder. Nos han moldeado para que seamos esclavos e inútiles. Un gran porcentaje de la población no podría sobrevivir por si sola, ni tan siquiera sabrían plantar patatas. Es increíble que no sepamos hacer algo tan simple como: crear comida.
V. La paciencia del búho
Hice un viaje para ver como viven en las cumbres más altas y me di cuenta de que, de alguna forma, estaba haciendo lo mismo que un búho: observar en silencio. Antes casi todo se aprendía mirando. No hacía falta que nadie te enseñara. Simplemente lo veías durante un tiempo, y un día, te salía solo.
VI. El precio de la subasta
Entendí que cuanto más cómodo parece todo, más dependientes nos volvemos. Empiezas cediendo unas horas de tu día a día, dejas de sentirte el protagonista de tu vida, tratas a las mascotas como objetos, moldeas a tus hijos a tu antojo... Y todo por intentar tener el control de algo para evadir que no controlas a tu propio yo.
VII. El último ciclo
Solo sé que los días aquí se sienten mucho más lentos. No mejores. Tampoco peores. Solo más lentos. A veces pienso en el agua, en como sigue su camino hasta que un día deja de estar. Se seca. Quizás nosotros también somos eso, algo que parece que siempre está, hasta que un día desaparece.
I. Algo tan simple como vivir
II. El significado del silencio
III. Bailar al ritmo de la tierra
IV. Ni una simple patata
V. La paciencia del búho
VI. El precio de la subasta
VII. El último ciclo
¿Quieres que trabajemos juntos?
Si quieres que me encargue del montaje de algún viaje que hayas hecho, contacta conmigo. Me encanta editar y cada vídeo es un reto para mí. Da igual el tipo de contenido, ya sean viajes, eventos como bodas, graduaciones… escríbeme a mi correo personal jaiimepr98@gmail.com o bien ponte en contacto conmigo por mensaje directo a través de mi cuenta de Instagram.
¡Por cierto! Antes de trabajar juntos, quizás estés interesado en conocerme mejor para saber algo más sobre mi trayectoria profesional.